Woslher Castro
Woslher Castro Sinisterra, antropólogo de orilla/vichero.

En agosto del 2021 Colombia dio un paso importante hacia la reconciliación y la inclusión al promulgar el Acto legislativo 02 del 2021, estableciendo 16 curules de paz para representar a las víctimas del conflicto armado en territorios afectados. Sin embargo, a medida que avanza el tiempo, es evidente que estas curules no están cumpliendo su propósito original.

Nos acercamos al final del primer periodo; el panorama es desalentador. Los representantes elegidos ocupan sus bancas en la Cámara de Representantes, pero su acción se limita a eso: ocupar un espacio en lugar de transformarlo en un motor de cambio para las comunidades afectadas por décadas de violencia. En lugar de convertirse en voces poderosas que abogan por los derechos de las víctimas, estos representantes parecen haber perdido de vista su propósito fundamental.

Uno de los requisitos para inscribir la candidatura por una de estas 16 curules de representatividad de las víctimas del conflicto armado en la Cámara de Representantes es estar reconocido en el Registro Único de Víctimas. Es decir, ser parte de los nueve millones de víctimas en Colombia.

Una tarea perentoria que los representantes de las curules de paz deben abordar es trabajar de manera conjunta para garantizar la permanencia de estas curules más allá de los dos periodos iniciales estipulados en los Acuerdos de La Habana. Lo anterior les debe movilizar a impulsar una reforma constitucional que consolide las curules de paz como una institución permanente en el sistema político colombiano.

Para lograr este objetivo, los representantes deben construir alianzas dentro del Congreso Nacional y negociar con otros actores políticos para asegurar el apoyo necesario para la reforma constitucional. Esto puede implicar la búsqueda de consensos, la presentación de argumentos sólidos sobre la importancia de las curules de paz para la reconciliación y la construcción de la paz en el país, así como el trabajo diplomático para ganar respaldo tanto nacional como internacional.

Es hora de que los representantes en las curules de paz cumplan con su deber y trabajen colectivamente para establecer estas curules de manera permanente. Solo así podremos garantizar que las víctimas del conflicto tengan una voz continua en los espacios donde se toman decisiones que nos afectan directamente. Es hora de que Colombia cumpla con su promesa de justicia, reparación integral, reconciliación y garantías de no repetición. Yo estoy listo para ser parte de ese cambio.

La humanidad detrás de las estadísticas de víctimas en Colombia

En este país marcado por décadas de conflicto armado, el 9 de abril emerge como un día de recuerdo, de reflexión y de solidaridad. Es el día de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado, una jornada que nos invita a mirar hacia atrás, a reconocer el dolor y el sufrimiento de aquellos que han sido afectados por la violencia, pero también a mirar hacia adelante, hacia un futuro de esperanza y reconciliación.

Según datos de la Unidad de Atención y Reparación Integral para las Víctimas, en Colombia hay alrededor de nueve millones de víctimas. Es indudable que las estadísticas por sí solas no capturan la totalidad del sufrimiento humano detrás de cada cifra. Detrás de los nueve millones de víctimas reconocidas en el Registro Único de Víctimas en Colombia, hay innumerables historias de dolor, pérdida y trauma que merecen ser escuchadas y atendidas con empatía y comprensión.

Cada número en ese registro representa a una persona, a una familia, a una comunidad que ha sido afectada de manera profunda por el conflicto armado y otras formas de violencia. Detrás de cada cifra hay vidas destrozadas, sueños truncados y esperanzas perdidas. Es necesario conmemorar la humanidad detrás de las estadísticas y reconocer la dignidad inherente a cada individuo que ha sufrido las consecuencias de la violencia.

“Que alguien me diga si ha visto a mi hijo
Es estudiante de premedicina
Se llama Agustín y es un buen muchacho
A veces es terco cuando opina
Lo han detenido, no sé qué fuerza
Pantalón blanco, camisa a rayas
Pasó anteayer” 

Rubén Blades

Además, es probable que la cifra de nueve millones de víctimas subestime la verdadera magnitud del problema. Muchas personas pueden no haber sido incluidas en el registro debido a barreras de acceso, falta de información o miedo a represalias. Como también, existen formas de violencia y sufrimiento que no siempre son reconocidas o registradas oficialmente, lo que significa que la cifra real de víctimas podría ser aún mayor.

Por lo tanto, es fundamental adoptar un enfoque compasivo y sensible hacia las víctimas del conflicto, reconociendo la complejidad y la profundidad de su sufrimiento. No es suficiente nada más con solo brindarles apoyo y reparación, sino también trabajar para abordar las causas subyacentes de la violencia y construir una sociedad más justa y pacífica para todos sus ciudadanos. Por ejemplo, el enfoque en programas de educación y desarrollo integral para las víctimas del conflicto armado.

Estos programas deben ir más allá del simple apoyo y reparación, ya que su objetivo es empoderar a las víctimas para que puedan reconstruir sus vidas de manera sostenible y contribuir positivamente al desarrollo de sus comunidades.

Con educación de calidad y oportunidades de capacitación vocacional, equipa a las víctimas con habilidades técnicas y conocimientos, lo cual, les permite acceder a mejores oportunidades laborales y económicas. Esto no solo les brinda una salida viable para generar ingresos y sustentar a sus familias, sino que también fortalece su autoestima y confianza en sí mismos.

De igual manera, es fundamental proporcionar herramientas y fondos para el emprendimiento donde se fomente la creatividad y la iniciativa empresarial entre las víctimas. Esto les permite convertirse en agentes activos de cambio en sus comunidades, generando empleo, estimulando el crecimiento económico y contribuyendo al desarrollo local.

La invitación es a renovar nuestro compromiso con la construcción de la paz, con la búsqueda de la justicia y con la defensa de los derechos humanos. Incito a que trabajemos juntos, como una sola comunidad, para construir un país en el que todas las voces sean escuchadas, en el que todas las personas sean valoradas y en el que todas las vidas importan. Es un camino largo y difícil, pero juntos, con determinación y esperanza, podemos recorrerlo y alcanzar un futuro de paz y prosperidad para todos.

Es líder social y presidente de la organización Jóvenes Empuja. Estudió antropología y una especialización en políticas del cuidado con perspectiva de género. Sus áreas de interés son el trabajo comunitario con población afrocolombiana e indígena en el Litoral Pacífico Caucano, las dinámicas...