Este es un espacio de debate que no compromete la opinión de La Silla Vacía ni de sus aliados.
El paso de migrantes venezolanos por el Tapón del Darién es un asunto que Colombia aún no ha podido resolver. Por su parte, el gobierno panameño, buscando reducir el número de ingresos irregulares a su país y, en medio de acuerdos con Estados Unidos para coordinar una migración segura y regular, ha cerrado algunos pasos de esta densa selva.
Ante esto, el cierre de un paso irregular entre un país y otro es de inmediato una razón suficiente para encontrar otros caminos que les permitan a los migrantes llegar a distintos lugares del mundo para mejorar sus condiciones de vida.
Así ha sucedido en Colombia con la ruta migratoria entre San Andrés y Nicaragua. Tan solo hace una semana 33 migrantes (24 venezolanos) que se dirigían a este país de Centroamérica en embarcaciones sobrecargadas y en deplorable estado fueron rescatados por las autoridades colombianas, pero ¿Por qué llegar a Nicaragua?
A diferencia de algunos países latinoamericanos, el gobierno de Daniel Ortega ha guardado un silencio muy particular respecto al tránsito de migrantes por su territorio. Mientras que Costa Rica y Panamá han tomado medidas para frenar la ola migratoria, Nicaragua no ha anunciado ninguna medida y esto ha generado que algunos expertos afirmen que Daniel Ortega está usando la migración como arma geopolítica.
Entonces, ¿qué significa esto? En materia geopolítica se dice que estamos en medio de una guerra híbrida en donde, entendiendo que Nicaragua es aliado de China y Rusia, se está usando la migración para ejercer presión a EEUU.
Según expertos, Ortega está permitiendo la llegada de vuelos chárter procedentes de países de África, Asia y Europa para que desde allí los migrantes continúen el viaje por tierra hacia el norte de América. También, aseguran que el mandatario tiene una política de puertas abiertas que ha generado diferentes conflictos con Estados Unidos.
La migración como arma geopolítica contra EEUU
En tiempos de guerra económica, Rusia y China tienen la intención de desestabilizar a Estados Unidos y una de las estrategias es incentivar la migración masiva hacia este país.
Tan solo Venezuela, Cuba y Nicaragua suman por lo menos 13,1 millones de emigrantes y muchos de ellos han ingresado o tienen la intención de establecerse en territorio norteamericano. Esto se convierte entonces en una oportunidad para desestabilizar la frontera sur de Estados Unidos.
Para Marc Marginedas, la estrategia de Nicaragua tiene similitudes con las tácticas utilizadas por el presidente bielorruso, ya que este último pretende la entrada de migrantes irregulares a Europa como forma de presión política e inestabilidad social.
Para Marc, en ambos casos se evidencia estrecha coordinación con Moscú y afirma que el objetivo del Kremlin es crear caos en las fronteras de Estados Unidos. Aún más cuando estamos cerca de las elecciones presidenciales de noviembre, sin embargo, no podemos quedarnos solo con esta tesis.
La migración como arma geopolítica de EEUU
La migración puede ser un arma geopolítica para desestabilizar a EEUU, pero también puede ser un arma de Estados Unidos para continuar con su hegemonía y/o dominación frente a América Latina.
En medio de tiempos en los que se ha impuesto un modelo económico de corte colonial que ha logrado empobrecer a países de América Latina y que se agrava con las consecuencias de la exclusión, la violencia y el cambio climático, se generan flujos migratorios irregulares hacia el norte que transitan entre Colombia y Panamá y que continúan su camino por Centroamérica.
Mediante el apoyo a la oposición y la imposición de sanciones económicas, Estados Unidos busca generar inestabilidad en países que no están alineados con su modelo económico y, por ende, que miles y millones de personas tengan que salir de estos territorios por la falta de garantía de sus derechos.
Ante la salida de los migrantes de estos países declarados en independencia o en contra de las políticas neoliberales, Estados Unidos instrumentaliza la crisis migratoria para legitimar sus acciones, ser más influyente en las políticas sociales y reafirmar la dependencia económica y militar que tienen los países de la región sur.
Bajo esta tesis, Estados Unidos no busca solucionar los problemas estructurales de los países latinoamericanos sino todo lo contrario. Externaliza la responsabilidad, militariza las fronteras y presiona a los países latinoamericanos para que asuman con creces el precio de los flujos migratorios. Lo que sea para que los migrantes no lleguen al norte.
Endeudamientos a cambio de externalizar las fronteras y controlar las políticas económicas de los países emisores de migrantes es también convertir la migración en un arma geopolítica para mantener una dominación y/o hegemonía de la que Estados Unidos no se quiere desprender.
Entonces, ¿qué sigue?
La migración se ha tomado hoy el debate político, se produce a partir de crisis humanitarias y, desde cualquiera de las posturas aquí expuestas, lo grave es que también se haya convertido en un arma geopolítica bien sea para desestabilizar países receptores o para mantener dominadas las políticas monetarias de otros países e impedir un ejercicio legítimo de autonomía y soberanía.
Por eso es necesario que sigamos saliéndonos del mapa y logremos ver lo que está sucediendo alrededor del mundo, pues los flujos migratorios no se van a detener. Más cuando vivimos en tiempos de transiciones económicas, enfrentamientos abiertos y guerras híbridas que dan cuenta de la sociedad en la que nos hemos convertido.

