Andrea Mejía Fajardo, diseñadora de moda, periodista y magíster en ciencia política de la Universidad de los Andes.
Andrea Mejía Fajardo, diseñadora de moda, periodista y magíster en ciencia política de la Universidad de los Andes.

A quienes les gusta el arte y la historia, han observado la piel pálida y casi blanca con la que fue retratada Elizabeth I de Inglaterra, un efecto logrado con una crema a base de carbonato de plomo, una sustancia altamente tóxica. ¿Pudo ser su vanidad la causa de su muerte?

Mientras tanto en Francia, Catalina de Medici, contemporánea a Elizabeth I, empleaba tóxicos, no como cosmética, sino todo lo contrario. La reina consorte era una gran conocedora de venenos, se dice que ella sumergía prendas como guantes de cuero en veneno para obsequiárselas a sus próximas víctimas.

Más allá de los venenos empleados por desconocimiento o como crímenes planeados, desde épocas del antiguo Egipto hemos buscado la manera de brindarle color a nuestras prendas, buscando inspiración y pigmentos en vegetales, flores, frutas, insectos y minerales.

Debido al alto costo de textiles y tinturas, los colores solían representar una posición específica en la jerarquía eclesiástica, realeza o aristocracia.

Una de las tonalidades predilectas a lo largo de la historia es el índigo, anteriormente obtenido de plantas como el isatis tinctoria o la indigofera tinctoria, hoy se obtiene al combinar formaldehído, anilina y cianuro de hidrógeno; elementos que pueden explotar en contacto con el oxígeno en el agua o aire. Se trata de algo que “puede pasar en todas las industrias químicas. Pero en el caso del índigo, debido a los tipos de químicos empleados, si llegara a haber un problema sería grave”, comenta Miguel Sánchez de Kingpins.

El púrpura de Tiro, otro favorito, era extraído de los caracoles murex brandaris, desarrollado por los fenicios y adquirido por los romanos para tinturar las capas ceremoniales. Incluso se llegó a conocer como el púrpura real o imperial debido a ser exclusivo de reyes, emperadores y altos líderes de la iglesia.

La tinturación botánica y su significado jerárquico no solo se presentaba en Europa o Asia. Juan Luis Mejía, escribe en el libro Color Amazonía de Susana Mejía cómo por “deducciones arqueológicas sabemos que el magenta era de uso exclusivo del Inca; o que el amarillo, como todavía ocurre con algunos grupos amazónicos, hace referencia a la deidad mayor, el Sol, y también es asociado con sus símbolos terrenales, el oro y el jaguar”.

Cuenta también, como el palo Brasil, debido al color obtenido de su corteza, fue sustento económico del reino de Portugal al ser el color con que los italianos tinturaban las capas de los cardenales. Por otro lado, la cochinilla (un insecto) se convirtió en uno de los productos más exportados desde México hacia el viejo continente para brindarle color a sedas y lanas: “América contribuyó para que el mundo tuviera una nueva gama (de color) en su vestuario”.

Susana relata como gracias a las comunidades Huitoto y Tikunam se logró identificar once especies botánicas y los procesos necesarios de alquimia para extraer de manera artesanal pigmentos y darle tonalidades rojas, amarillas, naranjas, azules, verdes, púrpuras y otras a fibras de fique, algodón y papel.

Conocimientos ancestrales en vía de extinción cuando en 1856 el químico William Henry Perkin, experimentando con el alquitrán de hulla, un subproducto de los combustibles fósiles y en búsqueda de una cura para la malaria, observó un color púrpura en los textiles empleados en sus experimentos.

Perkin “allanó el camino para que la química moderna pasara a las aplicaciones industriales e, indirectamente, condujo a los avances en la medicina moderna, los explosivos, la fotografía y los plásticos.” Hoy aproximadamente el 25% de la producción mundial de productos químicos son empleados en la industria textil.

¿Moda que mata?

Los trabajadores de las plantas textiles y confección son los principales afectados al estar en constante contacto con venenos en altas concentraciones.  

“Muchos de estos trabajadores pierden la vida después de tales exposiciones, sucumbiendo a enfermedades mortales, cánceres y envenenamientos o por lesiones mortales después de incendios o explosiones” explica la OIT. En los trabajadores de la industria textil, predomina el cáncer de vejiga y pulmón, recurrentes dermatitis, bronquitis crónica y Epoc, entre otras enfermedades.

CBC Radio Canadá realizó una investigación donde se analizaron 38 muestras de prendas y accesorios. Los resultados arrojaron “preocupantes niveles de sustancias químicas, como plomo, Pfas y ftalatos”, donde en una chaqueta para bebé se encontró más de 20 veces el plomo permitido por el Ministerio de Salud de Canadá.

La PhD. Miriam Diamond, líder de la investigación, afirma que “la exposición al plomo puede dañar el cerebro y el sistema nervioso, afectando el crecimiento, desarrollo y patrones de comportamiento”.

No existe un listado oficial ni transparente sobre las sustancias empleadas por las marcas y, acorde a Fashion Revolution (2020), solo una cuarta parte de las 250 marcas estudiadas están comprometidas con eliminar productos químicos peligrosos.

Todos nos vemos afectados por el uso indiscriminado de estos tóxicos. La Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición de Estados Unidos (Nhanes, por sus siglas en inglés) encontró rastros de Pfas en el 97% de las personas en el país. ¿Qué significa? Que es muy probable que tú y yo tengamos Pfas -y demás tóxicos- en nuestra sangre.

La industria química crece entre el 4% – 4,5% al año (Pnuma) con ventas mundiales valoradas en 3,47 billones de euros en 2017 (OIT), posicionándose en el segundo sector productivo más grande, siendo Asia el principal productor y consumidor de químicos. Solo en colorantes se estima una producción de nueve millones de toneladas, el 70% colorantes azoicos (OIT).

¿Son todos los químicos nocivos? Es necesario “aclarar que no todos los productos químicos son tóxicos, algunos representan un mayor o menor riesgo, pero con el adecuado conocimiento y manejo de los peligros en un entorno adecuado hace posible su uso de forma apropiada”, explica Estefania Urrego, asesora técnica de innovación en CLQ. La empresa emplea químicos para el sector textil “siempre basándonos en una química aprobada para evitar efectos adversos sobre la salud y el medio ambiente”.

Es un tema de género

En el 2014, el hospital de Brigham and Women en Boston, Estados Unidos, concluyó que existe una “exclusión de las mujeres en las investigaciones de salud”.

En Estados Unidos problemas cardiovasculares son la principal causa de muerte de las mujeres, pero “solo un tercio de los sujetos de los ensayos clínicos cardiovasculares son mujeres” y solo el 31% de estos informan los resultados por sexo. Se estima que una de cada ocho mujeres desarrollará un trastorno de tiroides acorde a la American Thyroid Association derivado “de un desequilibrio hormonal, que puede ser causado por disruptores endocrinos” (esos que encontramos en nuestra ropa).

Victoria González tuvo que luchar para ser escuchada por los médicos, quienes descartaron en múltiples ocasiones su llamado de que algo no andaba bien con su cuerpo. Su diagnóstico de cáncer la hizo cuestionarse a sí misma de sus propios protocolos de cuidado, pero es precisamente ese cuidado, conocimiento e insistencia de que algo andaba mal, lo que le permitió detectar el tumor de manera temprana.

Lea aquí la primera parte: ¿Nos está envenenando la moda? – Parte I

Lea aquí la tercera parte: El rol de la economía circular en la transformación de la industria textil

Diseñadora de moda, periodista y magíster en ciencia política de la Universidad de los Andes. Apasionada de la economía circular y responsable de la investigación, capacitación, comunicación, entre otros, relacionados con la economía circular en los sectores de moda, construcción, plásticos...