El aumento del 36 por ciento en la tarifa del servicio de gas anunciado por Vanti, empresa que opera en 105 municipios, ha generado controversia. El presidente Gustavo Petro sostiene que el suministro de gas natural en el país está garantizado para cubrir la demanda nacional y que son las empresas comercializadoras de gas quienes deciden importar y subir los costos del servicio.
Sin embargo, desde el año pasado, los gremios del sector gasífero venían advirtiendo que el precio del gas subiría por la necesidad de importarlo del mercado internacional ante la falta de nuevos proyectos de explotación y un agotamiento en las reservas del país.
Para analizar el panorama, La Silla Académica entrevistó a Sebastián Zapata, docente de la Universidad EIA y autor de “Investigating the concurrence of transmission grid expansion and the dissemination of renewables” y “Renewables for supporting supply adequacy in Colombia”. También conversó con Milton Montoya, con experiencia en el manejo de asuntos de los sectores de minería y director del Departamento de Derecho Minero-Energético de la Universidad Externado.
La Silla Académica. ¿Qué cosas llevaron a que hoy se hable de un déficit de gas del 16 por ciento para el 2026?
Milton Montoya. Lo primero que hay que decir es que este no es un tema nuevo en Colombia. Aunque se tiene una política pública de masificación del servicio de gas natural exitosa, en los últimos diez años Colombia enfrentó una tendencia de declinación en las reservas de sus campos.
En otras palabras, nuestro país no ha encontrado un yacimiento de gas importante que pueda poner en operación para llevar ese gas a los hogares. Hoy se siguen utilizando las reservas de los yacimientos que encontramos hace 30 años por decisiones de gobiernos anteriores.
Al no contar con esos recursos energéticos, consumimos nuestras reservas de gas natural. El Gestor del Mercado de Gas Natural alertó a finales del año pasado que para este año Colombia ya no contaba con una autosuficiencia del 100 por ciento que le permitiera abastecer con gas nacional toda la demanda. Es decir, necesitaríamos importar y ahí se encendieron las alarmas.
Sebastián Zapata. El desabastecimiento de gas en el país tiene distintas causas: hay un declive en la producción, más demanda, retrasos en nuevos proyectos por la falta de exploración y las reservas con gas no se están explotando.
La combinación de estos factores genera un buen caldo de cultivo para el desabastecimiento y es lo que lleva al aumento en las tarifas. Entonces, si consumo más y produzco menos, los precios van a aumentar.
LSA. ¿Por qué ha crecido la demanda?
MM. Colombia es uno de los pocos países de América Latina con una experiencia exitosa en materia de masificación del gas natural. Esa política pública, implementada hace unos 45 años con los grandes descubrimientos de yacimientos de gas de Chuchupa y Ballena, hizo que en Colombia se implementara el servicio de gas, no solamente para el sector industrial, comercial o para la generación térmica de energía, sino también para los usuarios residenciales.
Por eso, en Colombia hay alrededor de 30 millones de usuarios de servicio de gas, de los que alrededor del 80 por ciento son de estratos uno, dos y tres.
En ese contexto, el crecimiento de la demanda es totalmente normal y algo que se esperaría. Si no estuviésemos en el escenario de desabastecimiento, el aumento de la demanda sería algo positivo porque refleja crecimiento económico. Sin embargo, lo que está mal es que la política pública energética no estuvo preparada para responder a esa demanda.
SZ. Otra razón es la generación de energía y el fenómeno de El Niño. En Colombia, la matriz de energía eléctrica es mayormente hidráulica, pero cuando hay sequía la electricidad es producida por las plantas térmicas a gas, carbón y combustibles líquidos. Entonces, si no tenemos agua, necesitamos generar la energía con gas.
En realidad, en el país hay bastantes modelos estadísticos y matemáticos que prevén con cierta precisión cómo será la demanda de gas a futuro. Sin embargo, a veces subestimamos los efectos del crecimiento de la demanda.
LSA. Algunos prestadores del servicio de gas ya anunciaron el alza en sus costos, pero hay otros que no. ¿Por qué pasa eso?
MM. Las empresas distribuidoras y comercializadoras de gas abastecen su demanda de dos maneras: en contratos a largo plazo o con compras. Algunas de las distribuidoras del país que han anunciado que este año no aumentarán la tarifa de gas es porque tienen contratos de largo plazo ya firmados; es decir, tienen garantizado el suministro de gas al precio definido en esos contratos. Sin embargo, esa no es la realidad de todas las empresas distribuidoras.
Hay empresas que tienen cubierta su demanda de gas parcialmente y que deben comprar el faltante de gas en el mercado internacional a un mayor precio que el nacional.
Esto resulta en un incremento en el costo para los usuarios por el costo adicional que tiene el gas importado y los costos adicionales de transporte. No es lo mismo el precio final si traes el gas de piedemonte llanero hacia Bogotá, que si lo traes desde la costa Atlántica hasta Bogotá.
LSA. ¿Desde cuándo se ha importado el gas y qué tan diferentes fueron esas importaciones de las que se están haciendo hoy?
MM. Desde finales del año pasado se empezó a importar más gas, cuando se encendieron las alarmas del desabastecimiento.
Aunque quiero aclarar algo, Colombia ya venía importando gas natural para atender la demanda de generación de energía térmica. Eso no es nuevo, pero no se pensaba que la pérdida de la autosuficiencia de gas afectaría a los usuarios residenciales que son conocidos como la demanda esencial.
Llegamos a este punto por una sumatoria desafortunada de decisiones en materia de política pública. Al país se le hizo muy tarde para darse cuenta de la gravedad que implicaba para Colombia ir reduciendo año tras año sus reservas probadas y disponibles de gas natural nacional. No se implementó una política pública que priorizara que entraran al mercado moléculas de gas de nuevos descubrimientos. A eso se le sumó la decisión de este gobierno de no firmar nuevos contratos de exploración y producción. “El que busca, encuentra”, y si nosotros no buscamos, no vamos a encontrar.
LSA. ¿Y cómo se hace esa importación del gas?
SZ. Colombia importa la mayor parte de su gas a través de gas natural licuado, ya que no cuenta con gasoductos internacionales. Aunque sería posible construir uno con Venezuela, la situación actual entre ambos gobiernos dificulta esa opción.
El gas natural licuado es un gas que enfrían mucho y se vuelve líquido, ese líquido es el que llega a la planta de regasificación en Cartagena donde lo convierten en gas otra vez y lo mandan por una tubería hacia el interior del país. Ese gas líquido puede venir de Japón, Australia, Estados Unidos o de cualquier otra parte, pero depender de otros nunca es una buena idea.
Las desventajas de este proceso es que el país no es autosuficiente y es un proceso más caro porque hay que pagar el costo transporte, de volverlo líquido y luego de la regasificación; eso aumenta entre un 40 y 50 por ciento su costo, un valor que para la mayoría de los colombianos es demasiado.
Por otro lado, la planta de regasificación de Cartagena no tiene una capacidad suficiente para cubrir toda la demanda de gas del país.
LSA. ¿Cómo se relaciona esta crisis de desabastecimiento con Ecopetrol?
SZ. Ecopetrol es el dueño de los pozos más importantes de gas y petróleo en Colombia. Cualquier empresa que vaya a vender gasolina refinada o gas tiene que ir a comprar a Ecopetrol y la venta se define según el uso que se le dará al gas. Por ejemplo, el consumo doméstico tiene prioridad en la distribución, seguido por el uso industrial y, por último, el eléctrico.
La definición de los precios hace parte de un proceso indexado al precio internacional del petróleo, más los gastos de transporte y comercialización. Por eso cuando sube el dólar sube la gasolina y el gas.
MM. Ahora Ecopetrol anunció unas medidas para poner a disposición del mercado nuevas cantidades de gas y eso es positivo. También se acaban de flexibilizar las reglas del mercado para la comercialización de gas, lo cual es necesario. Lo que pasa es que esas eran decisiones que se debieron haber tomado un año atrás.
Hay comercializadores que tenían que cubrir su demanda de gas y su única opción era incrementar sus volúmenes de importación, por eso es bueno que Ecopetrol ponga a disposición ese gas. Ojalá sea suficiente para atender toda la demanda nacional, incluyendo la de los industriales, porque son muchas las industrias que se mueven a partir del gas.
LSA. También hay alertas de apagón en el Caribe y los prestadores del servicio indican que se debe al no pago de subsidios que impiden su operación. ¿Qué opinan de esto?
MM. Yo creo que hay algunos elementos críticos en el caso del de la costa. Por un lado, está el déficit tarifario, porque el gobierno todavía no ha girado los recursos y eso es dinero que esperaban las distribuidoras, por lo que al no tenerlo se generan impactos graves.
Yo no diría que hay temas de interés político detrás, esto tiene tres o cuatro razones que sustentan la crisis: el déficit tarifario, el hurto de energía y las conexiones ilegales, y los costos de la prestación del servicio en materia de administración, operación y mantenimiento del sistema en el Caribe.
SZ. En realidad, el problema de los subsidios ha estado siempre, nunca han sido suficientes y las empresas siguen prestando el servicio. Entonces, si no se le paga a las empresas y los precios aumentan, la única solución que tienen es dejar de prestar el servicio o empezar a cobrarle más caro a los usuarios.
Los subsidios hay que darlos, pero hay que empezar a buscar otras formas. Aunque hay un sistema nacional interconectado, no se puede llevar toda la electricidad desde acá hasta al norte.
LSA. ¿Qué tanto afecta este panorama energético y las importaciones del gas en la autonomía energética del país y su economía?
MM. La coyuntura del desabastecimiento de gas se suma a la coyuntura del sector eléctrico.
Colombia necesita más proyectos activos de generación de energía y no los hay. La situación de estrechez entre oferta y demanda eléctrica en este momento es angustiante. Tanto así que no podemos permitirnos el lujo de tener indisponibilidad de generación hidráulica o térmica este año, porque habría amenaza de racionamiento.
Hoy estamos pagando esas decisiones equivocadas e inacción del pasado que nos llevaron a esta crisis en el sector energético. Yo no estaría tranquilo con las explicaciones que nos dan sobre el gas en Sirius en el Caribe porque aunque hay gas, se necesitan cinco o seis años para que esas moléculas entren efectivamente en el sistema.
Pasar de una matriz energética basada en gas en la que éramos totalmente autosuficientes, a una en la que entre el 15 y el 20 por ciento de la demanda depende del gas importado tendrá repercusiones económicas enormes.
LSA. ¿Puede la transición hacia fuentes de energía renovables contribuir a disminuir la dependencia del gas y de las hidroeléctricas?
SZ. En un corto plazo es imposible porque las fuentes de energía no convencionales, como la solar o eólica, están en la costa norte colombiana. Hay un potencial increíble allá, pero se necesitan efectuar procesos ambientales y de licitación con las comunidades porque ellos son dueños de la tierra y tienen prioridades diferentes a las de nosotros.
Eso se demora un tiempo. La construcción de una planta solar y eólica tarda entre dos y tres años, y construir la infraestructura necesaria para traer la energía entre cuatro y cinco años. Es decir, es un proceso que tardaría más o menos siete años.
Es un proceso que tarda tiempo, pero que hay que empezar. Con la entrada de las baterías que permiten guardar la sobreproducción de energía solar y eólica a cualquier hora, vamos a bajar muchísimo la dependencia de la hidroenergía y se podría bajar casi que totalmente la dependencia de gas y carbón.
Si empezamos ya de manera consciente e inteligente a efectuar de forma progresiva estos cambios, en unos diez años Colombia podría ser un país muy limpio. Podríamos ser como Uruguay o Costa Rica, que la mayor parte del año generan energía con fuentes no convencionales.
LSA. ¿Cuáles son los puntos clave que deben atenderse para evitar que crezca la crisis de desabastecimiento de gas en el país?
MM. Aunque ha habido avances, es fundamental seguir ampliando la oferta de gas nacional a través de Ecopetrol. También es necesario flexibilizar las condiciones del mercado del gas, reactivar con urgencia la exploración de hidrocarburos, y priorizar tanto los procesos de licenciamiento ambiental como las consultas previas en los campos con reservas probadas. Por último, es clave retomar el debate sobre la explotación de los recursos e hidrocarburos no convencionales.
SZ. En el largo plazo, hay que hacer una inversión importante en energías renovables y reducir la dependencia a la gasolina, el petróleo y el gas.
Estos serán necesarios en el corto y mediano plazo, pero para tener una transición adecuada hay que tener claro qué vamos a hacer después y eso requiere una regulación por parte del gobierno nacional que no desincentive la inversión.
