Todo lo que necesita saber sobre el poder, la deforestación y la biodiversidad en la región amazónica está en la Silla Amazonía.
Las cifras: Durante 2023 y el primer semestre de 2024, el Programa Somos Defensores registró 238 agresiones contra mujeres líderes y defensoras en Colombia. De esos 24 casos fueron asesinatos. ONU Mujeres alertó que en 2023, la violencia de género contra defensoras aumentó un 203 %.Un artículo de Rutas del Conflicto humaniza estas cifras a través de las historias de lideresas de la Amazonía y la Orinoquía. Aquí retomamos tres:
Waira Jacanamijoy, lideresa del pueblo inga, ha desafiado la violencia desde su juventud. A sus 55 años, reconoce que no sabe cómo sigue con vida, pues ha enfrentado a múltiples actores armados en la Bota Caucana, entre los departamentos de Caquetá y Putumayo. Estos grupos buscan controlar el territorio y fomentar el cultivo de coca.
Waira ha recibido amenazas de grupos armados de derecha e izquierda, así como de narcotraficantes que buscan expandir sus cultivos ilícitos. Actualmente, la comunidad enfrenta un toque de queda desde las seis de la tarde impuesto por el grupo Sinaloa de los Comandos de la Frontera.
Buscan nuevas estrategias a través del conocimiento ancestral. Pese a este contexto, el pueblo inga resiste y busca involucrar a los jóvenes en la producción de fragancias y remedios naturales. El proyecto más ambicioso es la creación de una universidad basada en la filosofía de Yachaicury, una escuela con un modelo indígena.
Liliana Piaguaje, gobernadora del resguardo siona Piñuña Blanco en Puerto Asís, Putumayo, ha sido una voz clave en la defensa del territorio. Para Piaguaje, el conflicto entre su liderazgo y su vida familiar fue evidente cuando su esposo exigió ser consultado en sus decisiones: “Para él, mis ausencias eran cuestionables, las suyas no”. Pues se castigan a las defensoras por estar en las calles, por alzar la voz en lo público y por no limitarse a roles tradicionales.
Ausencia de una protección con enfoque étnico y de género. Las medidas de protección no siempre responden a las necesidades específicas de las lideresas indígenas y campesinas. Waira Jacanamijoy renunció a su esquema de seguridad después de cinco años, al sentirse prisionera en su propio territorio. Liliana Piaguaje, por su parte, denuncia que los guardaespaldas asignados no pueden ingresar al resguardo porque están armados.
La violencia también es en contra de las lideresa campesinas: Jani Silva, cofundadora de la Zona de Reserva Campesina La Perla y lideresa campesina del Putumayo, ha recibido más de diez amenazas en los últimos cinco años. En 2021 fue declarada objetivo militar y tuvo que esconderse durante 15 días antes de abandonar el municipio por un mes.
El liderazgo de las mujeres en territorios en conflicto implica una doble carga, deben enfrentar tanto la violencia sociopolítica como la desigualdad de género. “El trabajo de la mujer no se valora igual que el del hombre. A un hombre se le reconoce como líder; nosotras, además de luchar, debemos encargarnos de la casa, los hijos y los animales”, expresa Jani Silva.
