Esta semana se cumplió un mes desde la salida del gobierno de la secretaria de despacho Laura Sarabia, la mano derecha del presidente Gustavo Petro, en medio de un escándalo. Y desde entonces, el primer círculo del presidente ha quedado en interinidad.

Después de un mes, Petro aún no le consigue reemplazo a Sarabia, quien era una pieza clave en el funcionamiento de Casa de Nariño: oficialmente era la encargada de la agenda de Petro y la comunicación con sus ministros. Pero extraoficialmente (con el aval de Petro) era quien le pedía cuentas al gabinete, a los mandos militares, tomaba decisiones estratégicas en comunicaciones, mediaba en el restablecimiento de relaciones con Venezuela y tenía línea directa con Estados Unidos.

De hecho, el presidente ha mantenido vacía la oficina de la jefatura de despacho, la única con conexión directa con la suya. También ha seguido consultando a Sarabia en varias ocasiones, según pudo confirmar La Silla. Lo ha hecho por temas personales, cuando se intoxicó en La Guajira, y también por asuntos de gobierno, como sobre el informe de rendición de cuentas que debe presentar ante el Congreso el próximo 7 de agosto.

A la ausencia de Sarabia se le sumó esta semana la renuncia de Germán Gómez, el asesor de comunicaciones del presidente. Gómez trabajaba en llave con ella desde la campaña (ambos eran parte del equipo de Armando Benedetti). En el gobierno, Gómez y Sarabia tenían un chat con el asesor español Antoni Gutiérrez-Rubi. El objetivo era tener un canal directo para responder a las crisis: no solo las externas, también las generadas por el presidente, que ha insistido en manejar él mismo su cuenta de Twitter.

Con los meses, Gutiérrez-Rubi pasó a un segundo plano, por estar fuera del país, y la responsabilidad de responder al día a día quedó en Sarabia y Gómez.

El consejero de comunicaciones anunció internamente su salida hace varios meses, pero esta semana dejó su cargo sin haber hecho empalme con un reemplazo.

La suma de esas vacantes sin encargados a la vista ha desatado una puja de poder en la Casa de Nariño, en el momento de mayor crisis para el gobierno por el escándalo de las interceptaciones ilegales a las empleadas de Laura Sarabia y las revelaciones de Benedetti de supuesta entrada ilegal de dinero a la campaña. En ese contexto varias personas cercanas al presidente han asumido, oficial y no oficialmente, las funciones que quedaron sin dueño.

La explosión de voceros de Petro

El poder de Sarabia en Palacio iba más allá de la agenda. Era, en la práctica, la principal estratega del presidente. Fue ella, por ejemplo, quien escogió que Petro sancionara el Plan Nacional de Desarrollo desde los cerros de Mavicure, en Guainía. También la que estuvo detrás de la idea de trasladar al gobierno, una vez al mes, para gobernar desde un departamento, lo que se concretó la semana pasada con la agenda de Petro en La Guajira.

Una fuente de Casa de Nariño y una fuente diplomática coincidieron en que Sarabia había asumido, incluso con más protagonismo que el embajador en Venezuela Armando Benedetti, el puente entre el gobierno Biden, Colombia y Venezuela para restablecer relaciones con ese país. En especial porque Benedetti tuvo roces con la cúpula del poder venezolano por sus actitudes.

Sarabia también tenía mucha influencia en las comunicaciones. Era la única funcionaria con un acceso a la cuenta de Twitter del presidente, aunque limitado, con potestad para sugerirle borrar trinos o publicar desde allí comunicados oficiales. Y también era quien decidía qué entrevistas se daban y cuáles no. Las dos que concedió el presidente a RCN Televisión, el año pasado y este, pasaron por el despacho de Sarabia.

Como el presidente no suele tener conversaciones uno a uno con su gabinete, la secretaria de despacho era el puente de Petro con sus funcionarios, incluido el asesor de comunicaciones Germán Gómez. Una vez ella salió, Gómez quedó desconectado. El 5 de junio, tres días después de la salida de Sarabia, hubo una reunión de crisis en la Casa de Nariño a la que no estuvo invitado.

Sí asistió, en cambio, Andrés Hernández, cónsul en México y exjefe de prensa de Petro cuando era senador. También estuvieron aliados históricos de Petro como Hollman Morris, subdirector de RTVC, y congresistas como David Racero, presidente de la Cámara.

“Todos quieren tirar línea: Hollman, Racero, Hernández”, le dijo a La Silla una fuente de la Casa de Nariño que pidió no ser citada.

La Silla supo que en la reunión criticaron la gestión que la consejería de Comunicaciones le dio a la crisis de Sarabia. El presidente, sin embargo, habría defendido a Gómez.

A esas críticas se sumó, pero en público, Gustavo Bolívar. El exsenador anunció hace unas semanas que iba a apoyar las comunicaciones del presidente, porque “estaban muy débiles”.

Pero los alcances de su rol de vocero no están claros. La Silla consultó con equipos de prensa de los ministerios y coincidieron en que no están en contacto con el exsenador. Y en que desde la Consejería de Comunicaciones tampoco han cambiado la línea. “Uno esperaría una reunión esta semana, que se va Germán, pero no hubo nada”, dijo uno de los funcionarios, que pidió no ser citado.

En medio de esa interinidad, el presidente ha optado por “evitar esa intermediación” de los medios y usar su poder de interrumpir la programación de televisión abierta para transmitir sus alocuciones. Pero no como las tradicionales de un mandatario, con temas fijos y concebidas para “hablarles a los colombianos” sobre temas de prioridad nacional, sino discursos que Petro da en eventos dispersos y retransmite ante millones de personas sin una estrategia diferente a la de socializar sus posturas sobre muchos temas y contra sus opositores.

La disputa por la agenda

El manejo de la agenda de Petro también quedó en disputa con la salida de Sarabia. Cada dos semanas, la exsecretaria de despacho tenía una reunión con él en la que le pasaba su cronograma durante los próximos 15 días. Y también limitaba quiénes lo acompañaban en los desplazamientos oficiales.

Durante la primera mitad de junio, recién salida Sarabia del gobierno, el día a día de Palacio siguió pasando por ella. Y quien acompañó al presidente, como antes lo hacía Sarabia, fue Augusto Rodríguez, director de la Unidad Nacional de Protección, que incluso sonó como posible reemplazo.

El encargado oficial es Carlos Ramón González, el secretario general de Presidencia. Pero González no ha sido tan estricto con los acompañantes de Petro en los viajes. No ha impedido, por ejemplo, que el secretario jurídico, Vladimir Fernández, viaje con él a eventos claves, pese a que entre sus funciones no está hacer parte de la agenda diaria.

Fernández estuvo en las visitas a Alemania y a Francia el mes pasado. A ambas llevó a su jefe de seguridad. Dos fuentes del gobierno coincidieron en que el secretario jurídico ha estado muy preocupado por ser la sombra de Petro.

“Carlos Ramón no le pone freno porque desataría una guerra entre los dos”, le dijo a La Silla una de las fuentes del gobierno, que pidió no ser citada.

La falta de filtros en quienes acompañan al presidente también incluye a familiares de los ministros. A Francia viajó el esposo de Susana Muhamad como parte de la comitiva oficial, pese a que no tenía participación en la agenda en ese país.

La planeación de la agenda de Petro a varias manos lo ha dejado expuesto en ocasiones. El jueves pasado, Petro interrumpió la agenda en La Guajira y viajó a Bogotá para participar en un foro con el nobel de economía Paul Krugman. La pausa en la agenda, por la invitación de la Universidad Javeriana, estaba prevista al menos con una semana de anticipación, pero Petro llegó al evento sin contexto.

Su intervención empezó pidiendo excusas: “Bueno, no tengo así muy claro la organización del evento. Acabo de venir de La Guajira y nos toca irnos de nuevo a la actividad que allá estamos haciendo”.

El presidente no ha dado señales de urgencia para nombrar los reemplazos. Y, entretanto, el poder que antes estaba concentrado en una persona, ahora salta de mano en mano por la Casa de Nariño.

Periodista en La Silla Vacía hasta 2023. Estudié periodismo en la Universidad de Antioquia y allí hice un diplomado en periodismo literario. Trabajé en El Colombiano y fui subeditor del impreso de El Tiempo. En 2022 participé en el libro 'Los presidenciables' de La Silla Vacía y en 2020 hice parte...