Alcalde Carlos Fernando Galán. Foto: Twitter alcalde.

El nuevo modelo de basuras de Bogotá tiene que estar funcionando en 2026. Los contratos actuales de concesión con privados, que llevan funcionando desde 2018, se terminan este año. Para los bogotanos, se trata de la oportunidad para que mejore el problema crónico de mugre en la ciudad. 

Para el alcalde, Carlos Fernando Galán, el cambio de modelo es un reto para arreglar el que dejó Enrique Peñalosa. La Alcaldía de Bogotá ya tiene la propuesta lista, y la licitación está planeada para abrirse en agosto de 2025. 

De entrada, se sigue usando el modelo que divide la ciudad en zonas con prestadores de servicio exclusivos, en el mismo relleno sanitario de Doña Juana. El nuevo modelo propone más bien ajustes. Busca una división más precisa, un trabajo más articulado con los recicladores y el aprovechamiento de residuos orgánicos en una nueva bolsa verde.   

Distribuir la “carne y el hueso” para los privados

Bogotá funciona bajo el modelo de áreas de servicio exclusivo (ASE), que está avalado para todo el país, pero solo se utiliza en la capital. La alternativa a este modelo es la libre competencia, que implicaría que cada usuario o barrio puede contratar con una empresa autorizada para prestar el servicio. 

Según Ordóñez, de la Uaesp, el lío con el modelo de libre competencia es que en Bogotá hay zonas que son mucho más rentables que otras, y utilizarlo dejaría a muchos usuarios vulnerables a no encontrar una empresa. Por eso, bajo el modelo ASE, que se quiere mantener en la nueva licitación, la Uaesp quiere distribuir mejor “la carne y el hueso”, como dice Ordóñez. 

El modelo actual de distribución tiene 5 zonas de las que se encargan 5 concesionarios. En la licitación que planea presentar la Uaesp, eso se cambia a entre 8 y 9 zonas. Los cambios deben recibir el visto bueno de la Comisión de Regulación de Agua Potable y Saneamiento Básico (CRA), que depende del gobierno nacional. Con eso, la alcaldía Galán busca solucionar el problema de zonas crónicamente afectadas por la acumulación de basuras. 

“Una operación como la actual, desde Puente Aranda hasta Bosa, o de Usaquén hasta Sumapaz, son muy difíciles. También queremos incluir zonas de interés especial, como el centro de la ciudad”, señala Ordóñez. En la nueva delimitación habrá una atención especial a combinar zonas más y menos provechosas, para que se garantice la prestación del servicio en toda la ciudad. 

Para Frank Molano, profesor de la Universidad Distrital y experto en la historia del modelo de basuras en Bogotá, el criterio de sectorización de las distintas modificaciones al modelo “siempre ha sido para beneficiar a los concesionarios, se dejan de lado impactos ambientales o necesidades específicas de las localidades, tipologías del espacio urbano y proporción de residuos”. El reto de Galán en redibujar bien ese mapa. 

Un piloto para la bolsa verde 

Hoy la gente debería separar los residuos en tres categorías: reciclable (bolsa blanca), no aprovechables (bolsa negra) y orgánicos (bolsa verde). En la práctica, hoy la gente que separa, separa solamente lo reciclable del resto de basura, bolsa blanca y bolsa negra. Sin embargo, según la ley, también se debería separar la basura orgánica en una bolsa verde, si hay una ruta especial de recolección. 

El nuevo modelo busca crear esas rutas exclusivas, según Consuelo Ordóñez, directora de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos. En un piloto inicial, las organizaciones de recicladores que ya recogen la bolsa blanca, aprovecharán los residuos orgánicos (cáscaras de fruta, restos de comida, el cucho del café, matas, etc.), manteniendo los derechos otorgados por la Corte Constitucional.  

Según la Uaesp, hay planeadas rutas con más de 60 organizaciones de recicladores —existen alrededor de 300, más los recicladores no organizados— para que 300.000 usuarios del sistema tengan la ruta de recolección de la bolsa verde, cerca del 10% de los usuarios de la capital. Serán microrutas de más o menos 5000 usuarios en las que las organizaciones prestarán el servicio y harán ejercicios de pedagogía sobre la separación de residuos. 

Para ello contarán con un apoyo económico de la Uaesp de $196 millones por organización, alrededor de $12 mil millones. Para que funcione es clave que la separación ocurra en casa. “Los ciudadanos tienen la obligación de separar, así luego se junte en el carro recolector” señala Alberto Uribe Jongbloed, consultor y experto en servicios públicos. De hecho, la falta de separación ha sido un tema que ha causado quejas por parte de los gremios recicladores. 

Centros de tratamiento y separación de basura

Actualmente, los recicladores venden sus materiales en bodegas privadas. Algunas permiten reclasificar ahí los residuos, otras no, y por eso los recicladores lo hacen en la calle. La apuesta de infraestructura de la Alcaldía para su modelo circular está en la creación de dos Estaciones de Clasificación y Aprovechamiento de Residuos Sólidos (ECA). Cada Estación de Clasificación costaría entre 15 y 20 mil millones de pesos. La Uaesp tiene en sus planes ubicar una en el barrio María Paz, localidad de Kennedy y otra en la Alquería, localidad de Puente Aranda.

Las ECAS serían operadas por dos organizaciones recicladores que serán elegidas por competencia. También funcionaría como un modelo piloto, puesto que en Bogotá hay 2 mil centros que se llaman ECA, pero son realmente estos centro de acopio o bodegas. Para cubrir la demanda de Bogotá se necesitarían 30 ECAS repartidas en la ciudad. 

Además de las ECA, otro proyecto demostrativo está una planta de tratamiento de residuos orgánicos para convertirlos en gas natural. Estos estarían asociados a las nuevas rutas de recolección de las bolsas verdes, para tratar alrededor de 30 toneladas de residuos al día. Para Uribe Jongbloed, el reto de este modelo de tratamiento es lo que se haría con lo que se obtiene del tratamiento. “¿Y qué se haría con ese gas? No es sencillo llevarlo de un lugar a otro”. Según Ordóñez, de la Alcaldía, la idea es que este gas sea incorporado a los buses de Transmilenio, y que un residuo sea reincorporado para actividades de jardinería. 

Seguir con el relleno de Doña Juana 

El relleno sanitario de Doña Juana, al sur de la ciudad, es donde va toda la basura de la capital. Ha sido un punto álgido por los desastres ambientales pasados y las demandas posteriores

El plan de Galán es seguir usándolo. Según Ordóñez, el modelo de economía circular, desarrollado en las nuevas rutas y modelos de aprovechamiento de residuos sólidos, espera reducir las más de 6 mil toneladas de residuos diarios que llegan al relleno. 

Bogotá ya tiene otros proyectos en Doña Juana. El más reciente, es resultado de una decisión del Consejo de Estado, que rectificó la responsabilidad del Distrito sobre la obra de tratamiento de lixiviados (el agüita de la basura) para hacer las obras de mejoramiento a la planta de tratamiento, que tiene capacidad hasta de 27 litros por segundo. Además, tiene que construir muros de contención para evitar emergencias por deslizamientos, como la que ocurrió en 1997, que afectó más de 900 barrios en Usme y Ciudad Bolívar, y masivas demandas que terminaron en indemnizaciones millonarias.

La licencia ambiental se terminará pronto, y con ella, el contrato que hay con CGR, operador de Doña Juana desde principios de la década pasada. La idea del distrito es que Doña Juana funcione casi cuatro décadas más, con una serie de modernizaciones y adecuaciones que aún no se conocen, más allá de las contenciones y la planta de tratamiento.  

Empecé como practicante de la redacción, me quedé a cubrir las movidas de poder en la capital del país. Estudio Ciencia Política en la Universidad Nacional. Trabajé en El Espectador con los proyectos de "Lo Sé de Memoria" y "16 de mayo de 1984: el día que la represión y el conflicto se tomaron...